El PVH es una amenaza silenciosa para la mayoría de las mujeres. Al no dar síntomas, no nos avisa que está presente. De modo que está en sus manos seguir las recomendaciones de su profesional médico para hacerse exámenes.
Si se detectan cambios celulares precancerosos y se tratan pronto, los efectos potencialmente mortales del cáncer de cuello uterino casi siempre pueden evitarse. Según la American Cancer Society, las mujeres cuyas anomalías cervicales relacionadas con el PVH se detectan y tratan precozmente —durante el estado precanceroso— tienen un índice de supervivencia de casi un 100 por ciento. No muchas otras medidas contra el cáncer pueden jactarse de este éxito.
La clave para detener la posible progresión de la infección de PVH a cáncer del cuello uterino es la prueba de Papanicolaou. Las pruebas regulares de Papanicolaou ofrecen un arma potente en la lucha contra el cáncer de cuello uterino aun en el caso de que haya sido expuesta al PVH.
Una prueba Papanicolaou de detección es una prueba simple que detecta cambios en las células en y alrededor del cuello uterino. Llevada a cabo en el consultorio de su médico o en la clínica, esta prueba de rutina puede ayudar a identificar el potencial de cáncer antes de que se desarrolle.
Desde que se difundió el uso de la prueba Papanicolaou de detección a mediados de los 50, las muertes por cáncer de cuello uterino en los EE.UU. se redujeron en casi un 70 por ciento. No obstante, unas 10,000 mujeres estadounidenses todavía contraen la enfermedad anualmente, y casi 3,000 mueren debido a ella.
Sin embargo, no todas se hacen pruebas regulares de Papanicolaou. Específicamente, muchas mujeres afro-americanas, de escasos recursos o de edad avanzada tienen menos probabilidad de hacerse pruebas de Papanicolaou regulares. La American Cancer Society declara que entre el 60 y el 80 por ciento de las mujeres recientemente diagnosticadas con cáncer invasivo de cuello uterino no se habían hecho una prueba de Papanicolaou en los últimos cinco años, y muchas nunca la habían hecho. Esto es causa de preocupación, ya que 3.5 millones de pruebas de Papanicolaou realizadas anualmente son anormales y necesitan seguimiento médico.
Aunque la prueba de Papanicolaou tiene beneficios tremendos, no es perfecta, al igual que muchas otras pruebas médicas. Un hecho importante es que las pruebas de Papanicolaou a veces no encuentran anomalías cervicouterinas cuando en realidad sí existen. Es difícil conocer la frecuencia con que ocurren estos “falsos negativos” de los Papanicolaou, pero hacerse pruebas regularmente puede ayudar. Si una anomalíano no es captada en una prueba de Papanicolaou, es muy probable que se la descubra con el siguiente, mientras la anomalía todavía se encuentra en la etapa precancerosa.
Además, las pruebas de Papanicolaou a veces muestran anomalías cervicouterinas de menor importancia que se deben a infección con tipos de PVH de poco riesgo como el 6 y el 11. Estos resultados pueden ser costosos para el sistema de cuidado de la salud, pero, aún más importante, pueden causar ansiedad innecesaria en la paciente.
Habiendo dicho esto, la prueba de Papanicolaou es una de las maneras más eficaces de evitar el cáncer de cuello uterino. De modo que, hable con su médico acerca de hacerse pruebas regulares de Papanicolaou y, una vez que se las haya hecho, asegúrese de examinar los resultados con su médico. Si se descubre alguna anomalía, tal vez se efectúe una segunda prueba de Papanicolaou y otras pruebas para confirmar los resultados iniciales. En el caso de mujeres de 30 años de edad y mayores, hay una prueba de PVH que puede realizarse conjuntamente con la prueba de Papanicolaou. Además, algunas mujeres pueden hacerse una prueba de PVH como seguimiento a ciertos tipos de resultados anómalos de la prueba de Papanicolaou.